Northern Story #3· Roger Coll, CERAMISTA

Plato blanco, plato rojo

Fotografía: Roger Casas

Hemos tenido mucha suerte. No hay nada como estar rodeado de personas que sienten pasión por su trabajo y que están felices por lo que están haciendo.
Nos encontramos en la casa-taller de Roger Coll (aka Krasznai) en el barrio de Bufalà de Badalona. Estamos desayunando y hablando de lo que haremos hoy. Y además de Roger, está Yihid un estudiante en la Escuela de Artes de Badalona que le ayuda, Roger Casas que hará las fotos, y Marc Parramon y Marta Vilanova (aka Bonavista) que se preparan para gravar la jornada. Y Ana, Dani y yo.


El taller está dividido en dos espacios interiores y un badiu en el que nos instalaremos para aprovechar que llega el buen tiempo.

Roger nos guía por el taller y nos muestra algunos trabajos. Finísimos espirales vacíos de arcilla blanca, gnomos negros de arcilla roja y piezas de vajilla que cobran vida. Difícil para un fotógrafo transmitir lo orgánico de algunas texturas y el meticuloso trabajo que hay detrás de cada pieza.

Roger Coll explora, crea y diseña. Y lo hace ensuciándose las manos:

 


“No entiendo la gente que piensa primero y luego hace. En mi caso, pienso mientras hago. Bueno, es sólo mi punto de vista y quizás no lo compartimos“


A Roger no se le puede definir únicamente como ceramista, aunque tampoco se siente cómodo con la etiqueta artista: “Demasiado pretencioso. Tampoco es necesario etiquetar, ¿no?”


Preparamos el material y las herramientas. Roger reparte monos. Él se cubre con una bata de chef, y nosotros estamos listos para intentar hacer los mejores platos que podamos, o alguna otra cosa.



Torno y arcilla blanca

Antes de empezar nos advierte: “esto no es llegar y hacer. Es más como tocar la guitarra: se puede aprender lo básico e ir mejorando, pero no es cosa de un día”.


Empezamos: lo primero es moldear un poco el trozo de arcilla blanca para encontrar su eje. Para que la arcilla se deslice bien, hay que irse mojado las manos.
Roger insiste en que mantengamos la posición adecuada. El codo se hinca en la cintura para controlar la fuerza del torno y poder dar forma al material.


“Hay que hacer que la arcilla suba desde su eje, y después que vuelva a descender. Después hacéis un agujero en la parte superior con el dedo gordo y lo vais abriendo”. Corrige la posición de nuestros cuerpos varias veces, buscando siempre puntos de apoyo.


La sensación trabajando la arcilla es muy agradable, y el tiempo pasa rápido mientras hablamos de cómo se despertó su vocación. “Yo trabajaba en un despacho de arquitectos. La cerámica era una afición pero cada vez tenía la cabeza más pendiente de las piezas que tenía en el horno que del trabajo en el despacho. Al final dejé el trabajo.”


Con la forma más o menos conseguida, la parte más complicada es afinar el grosor de las piezas con los dedos. “Se trata de repartir la arcilla”. Ana da forma a un bol, Dani saca un par de piezas con mucha tranquilidad y a mi se me destruyen dos casi-platos en las manos hasta que consigo darle forma a un bol más bien discreto.


Los dejamos secar al sol y cambiamos de escenario.



Mesa y arcilla roja

“Este es el método más rudimentario, sólo el material y vuestras manos”. Sentados alrededor de la mesa, Roger reparte trozos de arcilla roja de los que vamos sacando largos churros que enrollamos y unimos. Es como lo hacíamos en la escuela.


“Lo malo y lo bueno de este trabajo es que requiere mucha paciencia“.

 

En este punto, lo más importante es que no quede aire entre la partes que vamos añadiendo, para que cuando se caliente en el horno no aparezcan grietas en la pieza.


Roger fotógrafo pide un cenicero, y Dani le hace una pieza con sus iniciales marcadas. Ahora dejaremos secar las piezas. Tengo las manos rojas.


 

Esmaltado y grafismo I

Cuando volvemos, las piezas tienen un aspecto ligeramente distinto. Roger comenta que han adquirido la dureza de cuero, que es cuando la arcilla está parcialmente endurecida pero con cierto grado de humedad. Es el momento del bruñido, de marcar las piezas, o de darles un grafismo.
Preparamos una mezcla de arcilla y agua, la barbotina, y hacemos algunas pruebas primero en el color rojizo de la mezcla y después en blanco.


Después de varias pruebas decidimos hacerlo de otra manera. Roger nos muestra unas piezas en los que el grafismo se aplica con calcos de cerámica que se meten en el horno. Pensamos que el resultado será mejor.


Son casi las 17h y por hoy se ha acabado. Las piezas están listas para el primer horneado, y después quedará el grafismo y esmaltado. Nos despedimos con ganas de que llegue la siguiente sesión.

 


Esmaltado y grafismo II

Semanas después volvemos al taller de Roger. Le felicitamos, hoy es su cumpleaños. Pero le vemos un poco cansado. “Acabo de llegar de una feria en Karlsruhe, Alemania. Fuimos en coche y aún me estoy recuperando”. Nos sentamos a desayunar y hablamos de lo que haremos mientras llega el resto del equipo. Hoy es el último retoque, y será bastante sencillo. Después de pasarle un esmalte a las piezas le aplicaremos los calcos que mandamos a imprimir para personalizarlas.


Preparamos todo en el taller.
Recortamos los calcos y los bañamos en agua hasta que se pueden separar las partes, como una calcomanía vaya. Con paciencia vamos aplicándolos sobre cada pieza. Los calcos tienen que quedar lisos, sin burbujas de aire o agua en su interior para que no se rompan con el horneado posterior. Nos ayudamos con un trozo de plástico, y tenemos más dificultades con las piezas más rugosas.


 


El trabajo es muy relajado, el taller de Roger es un oasis de tranquilidad y a todos se nos contagia ese estado de calma que nos hace trabajar muy a gusto. Hay una buena química de equipo y me sabe mal acabar la sesión.
Y me parece que no soy el único: con los calcos aplicados y las piezas en el horno, se alarga la conversación en el pasillo. Aplazamos la despedida y nos emplazamos a la semana siguiente, cuando Roger nos traerá las piezas ya terminadas.