Northern Story #1· Felip Arès, HERRERO

El banc valent

Fotografia: Roger Casas

Sábado, 08:15. Nos vamos a Taradell, un pueblo cerca de Vic, donde nos espera Felip.
Casi una hora en coche desde Barcelona. Dani habla, Joan, duerme. Repaso algunas preguntas para Felip hasta que dejo de preocuparme: que todo siga su curso.
A medio camino paramos en una gasolinera. Hace frío, pero afortunadamente el sol cada vez calienta más. Sol de invierno.

A punto de llegar, desde la ventana se ven las imponentes paredes de Cingles de Bertí y algún rastro de niebla. El paisaje se mezcla con absurdas conversaciones sobre el pelo de Joan.


Llegada a Taradell

Hemos quedado en la entrada del pueblo con Roger, que viene con Carla y su perro. Roger es un viejo amigo de Dani, y va a hacer las fotos de este día. Estamos todos.
Juntos nos presentamos en casa de Felip, de Osona de toda la vida. Y es herrero. Felip nos va a enseñar a hacer un banco.
“Yo quería ser herrero desde que iba a sexto de básica. Mi padre se encargaba de las aguas de Taradell y mi madre era profesora”
“¿Lo tuviste claro desde entonces?”
“ Sí”


“¿Hay otra cosa que te gustaría hacer en la vida?”
“No”


Aserradero

En las afueras del pueblo, pilas de troncos de pinos, nogueras, cipreses, olmos, cedros… Josep los guarda, los conoce y nos explica:
“Éste es un aserradero especial, por la procedencia de muchas maderas que vienen de fuera”

Escogemos un tablón de roble francés de la Borgoña y lo cortamos con la sierra de carro, dejando en uno de los laterales la onda del corte natural de la madera.
Felip: “Les estoy enseñando uno de mis mejores secretos y luego me quitarán el trabajo”.

Carpintería

Prepararemos la madera en la fusteria de Pere.
Todo está mimetizado en un mono tono serrín: unas botas de trabajar sepultadas, unos clavos en una caja de galletas, unas lijas en una lata.
Pasamos el tablón varias veces por una lijadora corriente y luego por la lijadora de banda.  El roble aparece limpio, claro y con suaves vetas. La madera queda lisa.


Pere frunce el ceño: “Ya nadie lo hace así”.


Nos enseña fotografías de sus trabajos, enormes clavos recuperados de vigas antiguas y un viejo carro de caballos que hizo su padre, que también trabajaba la madera.


Taller

“Estudié Forja en la Escuela de Artes y Oficios. Luego empecé ayudando a  mi profesor y a los 23 años monté mi pequeño taller. Y ahora somos 4 que trabajamos aquí, aunque hoy seremos más”.
Felip habla de manera clara y concisa. No sobran palabras. Como en su trabajo, no le gusta que sobre nada.
Básicamente hace trabajos industriales pero cada vez más también dedica tiempo a creaciones propias: muebles de líneas rectas, sólidos y austeros que combinan madera y hierro.

Decidimos que para trabajar el banco utilizaremos ferro dolç, más fácil de doblar y más resistente que el habitual ferro colat.

Felip ordena: “Ahora trabajaréis”. Dani y Joan siguen sus instrucciones. Primero cortar los pasamanos para cada pata; luego señalar cada uno de los puntos en los que hay que agujerear; taladrar en los puntos a partir de las muescas hechas con el puntero y el martillo… Mientras Joan termina de doblar los pasamanos, Dani empieza a soldar y el taller se llena de chispas y resplandores.
Finalmente, alisamos un poco con la mola. 



Casi son las tres de la tarde. Notamos que Felip acelera el ritmo . Y cuando le preguntamos por las medidas que tendrá la última barilla que estamos acabando de cortar y soldar, y que unirá las dos patas, nos responde: “a ojo de buen cubero”. Para añadir  “És que tinc gana” (tengo hambre). Estamos de acuerdo.
En un pequeño fogón eléctrico calentamos aguarrás y cera de abeja. Es el barniz que se usaba antiguamente y que le da a la madera un acabado muy natural. Lo aplicamos y lo vamos secando. 


Ya hemos terminado. Hemos hecho un banco.

Felip observa el resultado de una mañana de trabajo. Comprueba la fuerza y la resistencia del banco: “És valent”.


Almuerzo

Felip y Judit parece que vivan con una regla: cuida todo lo que tengas, no importa lo que sea. Lo hemos visto trabajando con Felip, y lo notamos ahora en todos los detalles de la casa, en cómo tratan a sus perros Antoine y François, en cómo preparamos el almuerzo juntos. ¿Para qué hacer algo de una forma que no te guste?
Desde la chimenea se ve el jardín. Una cocina enorme y acogedora. Vino y fuet. Felip comenta que se espera heladas en los próximos días. Los perros juegan. Roger se fija en los detalles en metales, maderas y otros materiales.
La comida se alarga mientras oscurece fuera.
Intento aprovechar los últimos momentos lanzándole alguna pregunta de mi lista a Felip. Después de dos síes y dos noes categóricos, abandono. En su vocabulario existen los “síes” y los “nóes” rotundos. Algo curioso en un mundo de “tal veces” y “quizás”. 



“Yo viviría en mitad de la montaña sin nadie alrededor, solo, con mi caballo”.

Vuelta a casa
El coche huele a barniz.
¿Qué pensáis que ha sido lo más difícil de hacer el banco?
“Soldar”, dice Dani.
“La matemática” dice Joan.
“Sí, para mi también”, añado.

Bajamos las ventanillas para que se vaya el olor a barniz. Hace frío. Conduzco y me recreo pensando en la historia de nuestro “banc valent”.